
Cuando vamos a comprar un nuevo coche la cantidad de extras disponibles roza lo infinito siempre y cuando nuestra cartera lo aguante. Entre los más típicos hoy en día podríamos destacar el climatizador, el volante multifunción, los faros de xenon, el sensor de parking… Todos ellos nos ayudarán a hacer de la conducción una tarea más fácil, cómoda y segura.
Hoy me centraré exclusivamente en el sensor de parking, existente tanto en su modalidad trasera, como delantera, aunque esta última es menos común.
Cuando nuestro coche incorpora un sensor de parking trasero nosotros adquirimos una cierta confianza al ir marcha atrás, no digo que nos olvidemos de mirar por los espejos retrovisores, pero sí que lo hacemos de forma más relajada, con la confianza de que si algo o alguien se interpone en nuestro camino será el sensor de parking quien nos avise con el típico “pi,pi,pi”.
Esto puede ser un arma de doble filo, yo lo he sufrido en mis propias carnes, me explico: